• publicado: 15/ 12/ 2020 Cultura y Nación
    Vol. 3 Núm. II (2020)

     

     

     

     

  • El Bicentenario de la República del Perú y nuestra América
    Vol. 3 Núm. I (2020)

    Este III volumen de la revista Disenso lleva por título “El Bicentenario de la República del Perú y nuestra América”. Y tiene por objeto el análisis de nuestra trayectoria como nación y la tratativa de las problemáticas actuales en torno nuestra América. Con ello, se desea cumplir dos objetivos: la Investigación (propiamente); y la Crítica, basada en una perspectiva multidisciplinar que las ciencias sociales y las humanidades nos ofrecen actualmente.

    Para cumplir los propósitos mencionados, este volumen cuenta con dos secciones temáticas: Política y Derecho; y Filosofía y Cultura; ejes temáticos que de ningún modo constituyen una estructura cerrada o definitiva, ya que éstas integran investigaciones diversas.

  • Democracia: ¿consenso o conflicto?
    Vol. 2 Núm. I (2017)

    Democracia: ¿consenso o conflicto?

     

    La democracia desde la época clásica ha sido empleada para designar un tipo de gobierno donde se reflexione y decida colectivamente sobre los asuntos más importantes de la sociedad, es decir, una forma de gobierno donde el poder político sea ejercido por el pueblo. Pero, ¿fue verdaderamente así? Si bien en defensa de la democracia se han combatido aquellas formas de opresión y se han conquistado libertades políticas e individuales, estas parecen retroceder cuando las desigualdades sociales campean junto al displicente neoliberalismo. Por ello, nuestro propósito no es otro que contribuir al debate sobre la construcción de una válida democracia, a la luz de la crisis social contemporánea y las interpretaciones más difundidas sobre aquélla; develando, así, los principales acontecimientos y teorías sobre democracia en nuestra región.

     

    El objeto insoslayable que nos reúne es el impulso a aquella producción intelectual de quienes con acertado juicio crítico analizan las diferentes problemáticas sociales contemporáneas; pero no como un vano oficio, sino, más bien, como un denodado esfuerzo por hallar justicia común; pues, pensamos que en aras de la libertad de pensamiento y la exposición de nuestras ideas, este espacio aspira a ser la tribuna donde se pueda no solo interpretar, sino, también, diseñar mecanismo de solución a los principales problemas del quehacer intelectual y social. Este propósito de estudio pretende ser un espacio desde el cual se difunda y se fomente, pero también en el que confluyan y se enriquezcan, en su pluralidad y diversidad, y acogiendo la mayor amplitud de perspectivas, las indagaciones sobre la realidad social; en nuestro presente caso: la democracia.

     

    Teniendo presente el pasado, y sin pretender quedarnos en él, Disenso procura satisfacer la necesidad de contar con una herramienta que propicie y estimule en la comunidad social el ejercicio crítico de la razón, a partir de las principales disciplinas del pensamiento humano; pues, no existe nada más productivo que disentir a lo comúnmente aceptado. Se trata de un compromiso y un deber para con la sociedad; pues todo esfuerzo renovador deja casi siempre un saldo favorable para esta, y todo acto de rebeldía es afirmación —qué duda cabe—  de un nuevo ideal; afirmación de que no hay orden social preestablecido, sino, por el contrario, relaciones humanas orientadas a cambiar en el devenir dialéctico de la historia; subvirtiendo, con ello, el pensamiento contra la injusticias económicas, contra los privilegios políticos y contra las argucias dogmáticas.

     

    Helard Añamuro.

  • Filosofía y Política
    Vol. 1 Núm. I (2015)

    En defensa del Disenso

     

    Hay un mal que ha colonizado la subjetividad de nuestros conciudadanos, se llama conformismo, y es mucho más peligroso de lo que se cree. Tiene a su favor sus sistemas de normalización, el principio de mediocridad cotidiana, los rituales de solemnización de las autoridades, las modas y la estupidez crónica.

     

    Todo esto es profundamente desolador. Desde hace años se nos viene diciendo a través de todos los medios posibles que debemos tender a los acuerdos, pero se omite el ¿por qué debemos estar de acuerdo? Incluso se esgrime desde los tribunales de justicia, las aulas universitarias, hasta las cómplices homilías dominicales, que una democracia solo será posible si priman los acuerdos en la población antes que el disenso.

     

    En efecto, todo este discurso es aparentemente hermoso. Sin embargo, es nuestro deber cuestionarnos: ¿debe estar de acuerdo la madre que deambula por la calle esperando una limosna? ¿Debe estar de acuerdo el padre de familia que todas las mañanas revuelve la basura buscando restos de comida para alimentar a sus hijos? ¿Debe estar de acuerdo el joven que es confinado a trabajar en condiciones deplorables por un sueldo miserable? ¿Debe estar de acuerdo la madre que observa a las mascotas de su compatriota alimentarse mejor que sus pequeños hijos? ¿Con quién deben estar de acuerdo? ¿A quién le conviene que todos ellos estén de acuerdo? Al parecer, detrás de la expresión consenso se esconde la inmundicia de unos cuantos, de aquellos que dicen que todo está bien y que, en consecuencia, no hay nada por hacer o por cambiar.

     

    En todo esto hay algo profundamente preocupante. Sino, ¿por qué nos resulta tan difícil siquiera imaginar otra sociedad? ¿Qué nos impide concebir una forma distinta de organizarnos que nos beneficie a todos? ¿Por qué, como en otros tiempos, ya no nos subleva la miseria, la explotación, la servidumbre, la ignorancia, la injusticia, la farsa, la mentira y el mimetismo intelectual?

     

    Al contrario de lo que se viene diciendo y haciendo, sostenemos que el consenso es una amenaza para la democracia. Pues, esta nació, se funda y se vitaliza continuamente con el disenso. Una democracia de consenso permanente es un peligro para la sociedad. El disenso no se tolera, sino que se celebra al discutir. Y las ideas que surjan de su interior se aplauden o vilipendian. Y tal como podrá advertir cualquier conciudadano, en nuestro país hay mucho por injuriar y poco por elogiar.

     

    La presente revista nace no para legitimar los acuerdos, no para obedecer los mandatos, sino para cuestionarlos, para incitar a desobedecerlos. Las ideas no están para ser respetadas sino por el contrario: para profanarlas, quitándoles su inocencia y candidez; para exponermas al crisol de la crítica.

     

    Nuestro país necesita ciudadanos que se opongan a aceptar acríticamente los mandatos del poder político, económico, religioso, etc. Necesita personas que hagan del disenso una costumbre. Que luchen contra las verdades inamovibles, contra los clichés, contra la malicia del pensamiento único. Que se atrevan a pensar, a cuestionar lo incuestionable, a ser impertinentes. En fin, que nos entusiasmemos con otro mundo posible, otro país posible; donde comer bien, educarse, tener vivienda, salud, trabajo, etc., sea una realidad cotidiana y no una ilusión.

     

    Jaime Araujo Frías.